Estado salvadoreño tiene una deuda histórica con el patrimonio cultural

El Ministerio de Cultura y la Fiscalía General de la República han logrado recuperar solo 1 de 35 piezas robadas durante las últimas dos décadas. Ante los vacíos de ley, coleccionistas privados y vendedores particulares se aprovechan de la situación. En La Libertad una comunidad vela por la salvaguarda de los bienes culturales por su cuenta, ante la ausencia del gobierno. 

Víctor Beltrand, de la cooperativa San Isidro, durante un recorrido en el sitio arqueológico descubierto en Tamanique. La comunidad se organizó para protegerlo, ante el silencio del Estado.

Por: Yizel Hernández y Vladimir Fermán

El 22 de agosto de 2021, en el Marketplace de Facebook se publicó a la venta varias piezas arqueológicas que datan de los años 400 a.C., al 200 d.C. y del 600 al 900 d.C., las cuales, aunque son atractivas, no se pueden vender, pues el Código Penal de El Salvador condena dichas acciones en el artículo 223 con prisión de uno a dos años. 

A pesar de eso, casos de ese tipo se han repetido con regularidad en las últimas dos décadas, en las que se logró constatar que en El Salvador  hubo al menos 35 hurtos o robos de patrimonio cultural, de los cuales, la Fiscalía General de la República (FGR) y el Ministerio de Cultura de El Salvador (MICULTURA) lograron recuperar solamente 1 pieza, que era una escultura religiosa de San Antonio de Padua que había sido hurtada en el año 2019.

Haz clic en la imagen siguiente para ver el gráfico de forma interactiva:

Aunque en su momento la aprobación de la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador fue un avance significativo en pro de la protección de bienes culturales, el arqueólogo Paul Amaroli, pionero de Fundación Nacional de Arqueología de El Salvador (FUNDAR), uno de los pocos organismos no gubernamentales que se dedica a conservar, proteger e investigar el patrimonio arqueológico del país, rememora haber formado parte del equipo asesor de ley y lamenta que sus opiniones no fueron tomadas en cuenta durante su proceso de creación en los años noventa.

“Desafortunadamente la Ley con la que cuenta el patrimonio arqueológico en la actualidad mantiene una visión de mundo como de los años cincuenta, lo cual actúa como un retroceso a la protección de los bienes culturales”, asegura Amaroli.

El saqueo y destrucción de sitios arqueológicos avalado por funcionarios, hasta el hurto de piezas antiguas en los museos, son las acciones que conforman una problemática histórica. La protección del patrimonio cultural parece no ser suficiente para acabar con esta enfermedad silenciosa que está destruyendo la identidad.

“Para mí la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador es una ley  sin dientes y con muchos vacíos. Necesita una renovación para que se puedan castigar los delitos como la destrucción del patrimonio”, reconoce Marlon Escamilla, arqueólogo salvadoreño quien fue Director Nacional de Patrimonio Cultural y Natural, de la entonces Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura), del  2015 al 2017, tras la renuncia a su cargo público.

En 2016 irónicamente uno de los espacios donde se creería que los bienes culturales se encuentran seguros fue el escenario del hurto de piezas patrimoniales. Estas se encontraban alojadas en la sala introductoria del Museo Nacional de Antropología Dr. David J, Guzmán (MUNA), uno de los museos administrados por el Estado. Dicha sala se encontraba cerrada en ese momento por remodelaciones. Hasta la fecha, a pesar de las “investigaciones” por parte de la Policía Nacional Civil (PNC) y la Fiscalía General de la República (FGR), las piezas no se han logrado recuperar. However, the https://nikel.co.id/what-to-do-if-you-find-a-casino-chip/ better the computer, the smoother and faster the programs will run.  

En una charla con Herbert Erquicia, el arqueólogo que fungió como director del Museo Nacional de Antropología (MUNA) durante dicho hurto registrado hace 5 años, él recordó lo que sucedió.“Fue un robo directo al Estado. A downloadable version is provided for users https://tpashop.com/las-vegas-best-slot-machine-payouts/ of Android devices.   Se llamó a la FGR, llegaron los peritos, se tomaron huellas, pero hasta el día de hoy no ha habido una resolución”, lamenta Erquicia. 

Al preguntar sobre cómo se desarrollaron las investigaciones, Erquicia comentó que con el tiempo el caso ya no tuvo la misma relevancia para las autoridades.

“Yo creo que el abordaje fue bueno en un inicio porque hubo presión de los medios de comunicación, pero luego se desvaneció por cosas “más importantes” para este país. Nosotros cada cierto tiempo estábamos pendientes de cómo iba el caso, pero llegó un momento en el que ya no obtuvimos respuesta”, rememora el ex funcionario público. 

Lo que sigue siendo un misterio -al igual que la forma en la que se cometió el hurto-, es el número oficial del total de piezas hurtadas. “No recuerdo cuántas piezas fueron exactamente. Tendría que buscar en mi correo. Pero algún día la FGR tendría que dar eso”, fue la respuesta de  Erquicia sobre el  número de piezas que se hurtaron.   

A través de la verificación del registro que posee MICULTURA se puede constatar que durante ese mismo año no se precisó la cantidad de casos de hurto de bienes culturales,  pues de lo ocurrido en el MUNA, y tras diversas declaraciones de autoridades institucionales, nadie  ha oficializado  la cifra real de piezas hurtadas en el museo.

La falta de un control real sobre las denuncias demuestran que el trabajo interinstitucional  para resolver temas como el hurto y el tráfico ilícito de bienes culturales en El Salvador no está siendo el más idóneo. 

“Trabajamos de la mano con MICULTURA al encontrar uno de estos casos, les informamos para que ellos den fe si es un objeto de naturaleza cultural o no”, comentó Yanira Alvarado, fiscal de la Unidad de Penal de Estado de la FGR, al referirse al protocolo que se sigue  entre instituciones para abordar estos casos. 

Pero la retroalimentación de datos entre instituciones queda en tela de juicio porque al contrastar la información de MICULTURA se encuentra una diferencia en la cantidad de casos, ya que  únicamente se han reportado 35 casos relativos al patrimonio cultural en 20 años. Mientras que, según el registro de  la Unidad de Estadística de FGR , dicha institución reporta 60 casos.

Haz clic en las imágenes siguientes para ver los gráficos de forma interactiva:

ENTRE COYOTES DE PIEZAS Y COLECCIONISTAS

El tráfico ilícito de bienes culturales es una de las  consecuencias que genera   los vacíos legales  y la falta de un control real de parte del Estado, representando un grave riesgo para el patrimonio histórico. 

Se estima que en el territorio centroamericano este fenómeno mantiene cifras alarmantes.  Según datos de Naciones Unidas, cada mes se extraen 1,000 piezas de cerámica maya por un valor de 10 millones de dólares, lo cual se convierte en un mercado rentable para los traficantes.

“El tráfico ilícito de bienes culturales es uno de los delitos más graves a nivel mundial y se ubica sólo por detrás de las armas y las drogas”, afirma el Comité Argentino de Lucha Contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales.

Parte del problema es el desconocimiento general sobre la protección de los bienes culturales, lo que facilita la operatividad de redes muy amplias y organizadas que se aprovechan para engañar y lucrar económicamente de los tesoros históricos que El Salvador posee. 

A través del tiempo se ha ido estableciendo un modus operandi de estructuras en las que participan coleccionistas, quienes mantienen viva la oferta y demanda del mercado de piezas antiguas, a lo que se suma la figura de los “coleccionistas de buena fe” y su rol en la protección de bienes culturales, ya que en la búsqueda por resguardar dichas piezas se convierten en eslabones del círculo que rodea el tráfico ilícito de patrimonio cultural.

En un artículo de la Revista especializadas Koot, escrito por la especialista Tania García, se determina que en la dinámica del tráfico ilícito de bienes culturales participan huaqueros (Coyotes de piezas), comerciantes, coleccionistas, “profesionales”, mafias organizadas, casas de subastas y “compradores de buena fe”, lo que lleva a un proceso importante que se   denomina como blanqueo de bienes, que no es más que la justificación de legitimar la existencia de colecciones privadas, sobre todo piezas arqueológicas que no están registradas por el Estado.

La supuesta necesidad de los coleccionistas por suplir al Estado adjudicando que no logra dar una correcta protección de los bienes culturales, es un tema que en El Salvador se encuentra avalado por la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural, específicamente desde el artículo 9 al 14 que hablan sobre la propiedad, posesión y tenencia de los bienes culturales.

“Hay dos esferas en el tráfico, siento que la Ley castiga al agricultor que encuentra una pieza y protege al coleccionista que las consigue del tráfico”, considera Escamilla al referirse al  tratamiento que el Estado le otorga al tráfico ilícito de bienes culturales.

El MICULTURA amparado en la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural respalda la existencia de colecciones privadas manteniendo un registro de ellas, donde a través de un formulario se ingresan los datos de las piezas y se describen sus características principales como un mecanismo de protección. El problema viene cuando se trata de hallazgos arqueológicos de los cuales nadie conoce su ubicación y/o existencia, apelando a la “buena fe” de quien la encuentra para dar el aviso a las autoridades competentes.

Es ahí donde el coleccionismo se convierte en uno de los principales obstáculos en este tema, ya que según los expertos es el último escalón en el tráfico de bienes culturales alrededor del mundo. “Es un círculo vicioso de oferta y demanda. Yo voy a saquear porque alguien me la va a comprar. Saquean porque hay una demanda, y no solo nacional, sino internacional”, mencionó Escamilla durante una entrevista  en el año 2015, mientras era Director Nacional de Patrimonio Cultural y Natural, de la entonces Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura).

Para conocer la cantidad de colecciones arqueológicas privadas que existen en el país haciendo uso de la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP) y amparados en el artículo 2 de la LAIP, se solicitó a MICULTURA una «Versión pública en formato EXCEL sobre inscripciones de las colecciones arqueológicas y paleontológicas privadas registradas en el Ministerio de Cultura entre los años 2000 al 2020»,  pero días más tarde, y luego de su admisión, se denegó sorpresivamente el acceso a dicha información al determinarla como “información confidencial”; sin embargo, lo que se había solicitado  fue una versión pública, la cual, según lo establece el artículo 30 de la LAIP debía ser brindaba omitiendo los datos clasificados que éste contuviera.

Existen organizaciones como la International Council of Museums (ICOM) que ha creado La Lista Roja, la cual posee una base de datos abiertos muy amplia sobre bienes culturales en peligro. En la actualidad, El Salvador registra 14 piezas en ella, las cuales en su mayoría son de tipo precolombino y coloniales. Cabe destacar que  dicha lista se basa en las piezas inventariadas en las colecciones más importantes del mundo.

Otro caso similar es el proyecto periodístico Plaza Pública de Guatemala,  que ha creado una herramienta similar llamada “Memoria Robada”, la que contiene 50 mil fichas de robo, subastas, registro y repatriaciones de bienes culturales en toda América Latina y el mundo, basándose en los informes publicados por INTERPOL, y en la que se encuentra un reporte de 13 robos de piezas de El Salvador, entre ellos la  Cabeza de Jaguar, una pieza de gran valor histórico que desapareció en el 2015 de una finca cafetalera en el Occidente del país y hasta la fecha tampoco ha sido recuperada.

A pesar de los muchos esfuerzos por proteger y trabajar contra el tráfico ilícito de bienes culturales, cada día siguen sumándose casos a la lista, este problema ha llegado al grado de adaptarse a las nuevas tecnologías ya que Internet es una de las mayores tiendas que facilita  cometer este delito por la poca seguridad que la red posee. 

“Hay un gran mercado de piezas arqueológicas y hay coleccionistas que pagan miles de dólares por ellas. Es muy común en la actualidad ver que se venden en Internet y desafortunadamente  es muy difícil darle seguimiento a eso”, reconoce el arqueólogo Carlos Manzano al referirse a cómo los traficantes se han adaptado en la actualidad para  comercializar piezas arqueológicas.

Plataformas como Facebook y páginas de comercio como Encuentra24 se han convertido en el almacén ideal para comercializar piezas arqueológicas, en algunos casos el desconocimiento sobre estos temas han provocado que muchas personas vean esto como una práctica inofensiva, pero el común denominador es lo contrario, ya que al no tener una regulación real en estas páginas el comercio de estos bienes no representa un riesgo para los traficantes que frecuentemente publican sobre la venta en grupos privados e incluso públicos.

#foogallery-gallery-990 .fg-image {
width: 150px;
}

Con una simple búsqueda en Marketplace de Facebook se identificó una publicación de un vendedor al que se llamará “Manuel López”, una persona que comercializaba piezas que a simple vista podrían parecer artesanías sin mucho valor, pero, en realidad, se trata de piezas arqueológicas del período Preclásico Tardío y Clásico Tardío.  Bastó con un par de mensajes y una llamada para que el vendedor diera detalles de lo que según él era el origen de dichas piezas. 

“Todas estas piezas las encontramos más que todo en las zonas de Zapotitan y San Juan Opico cuando mi hermano y yo anduvimos trabajando en albañilería allá en la década de los 90 en las construcciones de unas residenciales en esas zonas y las encontramos…”, contó el vendedor durante una breve conversación por WhatsApp.

#foogallery-gallery-1003 .fg-image {
width: 150px;
}

También confesó que  otras piezas de las que estaba vendiendo habían sido adquiridas por él y su hermano haciendo tratos con otras personas. “Hay algunas vasijas que las he adquirido con otras personas pero después de toda esta situación de violencia que se desató dejamos de andar en esos lugares recolectando piezas”, dijo.

Con un poco más de confianza, durante una llamada amplió que tenía  más piezas, entre vasijas y una colección de cabezas. “Te puedo mandar fotos, son varias, son 40 cabezas tú me dices si las quieres todas. Yo estaría calculando unos $200 por todo”, propuso el hombre.

  1. Vendedor de piezas

{«type»:»audio»,»tracklist»:true,»tracknumbers»:true,»images»:true,»artists»:true,»tracks»:[{«src»:»https:\/\/multimediaperiodismo.humanidades.ues.edu.sv\/wp-content\/uploads\/sites\/13\/2021\/11\/vendedor.mp3″,»type»:»audio\/mpeg»,»title»:»Vendedor de piezas»,»caption»:»»,»description»:»\u00ab211028_001\u00bb en My Recording.»,»meta»:{«artist»:»My Recording»,»length_formatted»:»2:52″},»image»:{«src»:»https:\/\/multimediaperiodismo.humanidades.ues.edu.sv\/wp-includes\/images\/media\/audio.png»,»width»:48,»height»:64},»thumb»:{«src»:»https:\/\/multimediaperiodismo.humanidades.ues.edu.sv\/wp-includes\/images\/media\/audio.png»,»width»:48,»height»:64}}]}

Luego de esa llamada se cortó cualquier tipo de comunicación con el vendedor. La publicación donde se comercializaban las piezas arqueológicas continúa colgada en la red social. 

Según la fiscal Alvarado, este 2021 han recibido solamente 2 denuncias por ventas en internet, sin embargo las dimensiones de las ventas de piezas por internet es mucho mayor pero con poca o nula acción de denuncia. 

Internet se ha convertido en una herramienta práctica para los traficantes de piezas, esto debido a la facilidad y poco control que existe sobre lo que se puede vender en línea. De acuerdo al arqueólogo Amaroli, la cerámica Copador, (palabra  que surge de la unión de los nombres “Copán” y “El Salvador”), es uno de los materiales más comercializados por Internet, pese a pertenecer al registro de bienes culturales en peligro clasificados por la Lista Roja  de ICOM.  

“El 90% del patrimonio arqueológico está en la zona desconocida,  ¿y cómo se descubren? pues la mayoría de veces por accidente o casualidad”, menciona Amaroli. 

Según el arqueólogo lo que hace falta son proyectos de reconocimiento regional para la identificación de sitios y que no sea por casualidad cada descubrimiento, de lo contrario, la mayor parte de éstos se irán deteriorando o sufriendo algún hurto o robo sin que nadie se percate.

EL SILENCIO DEL ESTADO 

El desinterés ante la protección de los bienes culturales salvadoreños se ve reflejado en las propias prácticas de los funcionarios que han sido partícipes de la destrucción del patrimonio cultural. Tal es el caso de Héctor Ismael Sermeño, ex Director de Patrimonio Cultural, quien durante su cargo público fue acusado en 2010 de actos arbitrarios, complicidad y daños agravados por la destrucción de un sitio arqueológico de primer orden en San Juan Opico, departamento de La Libertad; situación que se realizó en el año 2007 y por lo que en su momento fue condenado a prisión, condena que luego se cambió por trabajo de utilidad pública. 

En la actualidad, otro ejemplo del accionar del Estado ante estos temas  es lo sucedido en el  sitio arqueológico de Tacuzcalco, el pasado mes de septiembre, lugar al que la directora de patrimonio cultural, María Isaura Aráuz Quijano, retiró las medidas de protección de los terrenos en los que la empresa constructora Fenix desarrolla un proyecto urbanístico, ignorando que la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador  establece en el capítulo 6 la obligación de conservación y salvaguarda de los bienes culturales. 

De acuerdo a Escamilla para levantar las medidas de protección debería existir un informe técnico de arqueología que fundamente esa acción. “Si existe  sería anti ético, no creo que algún colega haga un informe diciendo que ahí no hay nada” concluye el arqueólogo. 

Los constantes casos que involucran al Ministerio de Cultura solo dejan expuesto el débil funcionamiento que tienen y el escaso interés  por preservar la herencia histórica.

Como parte de esta investigación, a través del reconocimiento de casos como los anteriores y tras obtener datos mediante las Oficinas de Información y Respuesta (OIR) sobre el patrimonio cultural hurtado y las denuncias de delitos relativos al patrimonio cultural, se buscó abordar  al Ministerio de Cultura de El Salvador (MICULTURA) a fin de obtener su postura oficial respecto al tema; sin embargo, tras insistir varias veces con solicitudes de entrevista a dicha institución, al cierre de este reportaje no se ha obtenido respuesta.

La evidencia de la nula respuesta de la mencionada institución queda registrada en esta serie de correos que se enviaron pero que no tuvieron respuesta.

UNA COMUNIDAD QUE SE UNE

Mientras que el Estado deja en segundo plano la protección del patrimonio cultural, existe una comunidad en el norte del municipio de Tamanique que se ha unido para defender y resguardar una zona arqueológica que podría representar un hallazgo de gran importancia para la historia de El Salvador/ fotografías de la los sitios arqueológicos descubiertos.

#foogallery-gallery-1018 .fg-image {
width: 150px;
}

“Allá por el año 2000 como Cooperativa teníamos problemas económicos y habíamos llegado a la conclusión de vender 450 manzanas de terreno y con ese dinero salir de la deuda, en eso se comenzó una arqueóloga nos apoyó para  estudiar los terrenos que se querían vender y ahí nos dimos cuenta que en los terrenos habían  varios montículos con extrañas construcciones, entonces supimos que  estas tierras valen mucho más que dólares”, narra  Rutilio García, presidente de la Asociación Cooperativa San Isidro de Producción Agropecuaria, al recordar la situación que los llevó al descubrimiento que cambió la historia de su comunidad.

García explicó que desde entonces, son alrededor de 164 personas las que conforman el grupo de protectores de las zonas arqueológicas encontradas. Aseguró que tras su descubrimiento, las tierras  han  sido cuidadas como uno de los más grandes tesoros que posee la su comunidad.  

Según lo menciona el dirigente de la Asociación, a partir de ese momento,  personal del antiguo Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) les apoyó  para ejecutar  mapeos en las tierras. 

“La gente de CONCULTURA venía una vez cada quince días o una vez al mes, mirábamos las zonas y luego nos íbamos para otra y así es como pudimos mapear unos 37 sitios dentro de la propiedad”, relata García.  

Así fue como la comunidad pasó a ser una comunidad rica en historia, pues en ella  se encuentran varios  vestigios arqueológicos, por lo que se llegó al acuerdo en conjunto con el Consejo de Junta de Vigilancia de la comuna de ceder el permiso  para seguir estudiando los terrenos de las 1,630 manzanas que conforman a la cooperativa.

“Entre 2014 y 2015 comenzamos a hacer una gestión, ya que nos dimos cuenta de que algunos sitios fueron más activos. Uno de ellos es el Panteoncito. Comenzamos a buscar ayuda de personas extranjeras y unos japoneses vinieron a verlo y le presentamos un pequeño proyecto enlazado entre la cooperativa y CONCULTURA, de ahí conseguimos un pequeño fondo con el que comenzamos a restaurar un par de sitios”, recordó García. 

En el 2018 comenzaron los esfuerzos por construir  una sala interpretativa, con el objetivo de crear un proyecto turístico en la comunidad para dar a conocer la zona arqueológica y vender parte de los productos que la cooperativa cosecha, los cuales van desde frutas, verduras hasta café de altura.  

En un principio se había pensado hacer recorridos por los cerros en los cuales se encuentran las estructuras arquitectónicas, pero Rutilio García explica que hasta la fecha no se ha podido concretar el proyecto “Desafortunadamente ese proyecto se nos ha detenido, no hemos podido conseguir los fondos para poder avanzar, por la pandemia ya los donantes no nos han visitado”, comenta un poco desilusionado don Rutilio. 

Los habitantes de la comunidad de San Isidro  demuestran  que aun con pocos recursos se puede  proteger el patrimonio cultural, todo depende del compromiso que cada uno mantenga. 

“Desde que supimos todo lo que aquí había la gente muy emocionada apoyó para comenzar a trabajar el sitio El Panteoncito, El Cañalito y La Montañita, que son los tres que actualmente hemos logrado tener un poco visibles”, menciona don Víctor Beltrand, el vicepresidente de la Cooperativa, al momento de hablar sobre la participación que cada habitante de la zona mantiene para salvaguardar los sitios que poseen. 

Sin embargo, estos dos directivos de la Cooperativa San Isidro concuerdan en la falta que les hace el apoyo del Estado para potenciar la protección de cada uno de los sitios encontrados, lamentando la falta de asesoramiento para seguir ejecutando como comunidad un mejor trabajo,  ya que  aún existen zonas que necesitan ser estudiadas y para eso es  necesario el acompañamiento de expertos que brinden la asesoría precisa. 

“Dentro de nuestros desafíos más grandes están las limitantes económicas que tenemos, eso hace que nuestro trabajo se vea afectado. Otro problema es que los sitios quedan en lugares solos, nosotros con nuestros pocos recursos tratamos de cercar para poder proteger de la destrucción  y hasta  nos roban el alambre”, lamenta García,  pues asegura que ya han encontrado  evidencia de personas han llegado los terrenos buscando qué logran extraer.

Pese a las limitantes, como comunidad hacen lo que pueden para mantener las zonas lo más resguardadas posible y mantienen protocolos para regular el paso en ellas; sin embargo, han existido momentos en los que  persona ajenas ha llegado a merodear los sitios y esto ha generado alerta comunal, tomando en cuenta  el valor histórico que la zona posee.

Al preguntar si su labor en algún momento ha tenido respaldo  por parte de las autoridades locales la respuesta de García fue clara.“Hasta ahora de la alcaldía no hemos recibido nada”, aseguró. 

Por lo anterior, los miembros de la comunidad solicitan más acompañamiento local y de parte del Estado,  pues dice que es necesario que más personas conozcan sobre el tema ya que es una responsabilidad mutua preservar el legado de las civilizaciones que alguna vez caminaron por estas tierras. “Esperamos una mejor orientación. Si yo no conozco no empiezo a tomar conciencia”, enfatizó  García. 

En pleno siglo XXI existen personas que desconocen la importancia del patrimonio arqueológico como recurso cultural y se piensa que es un privilegio de élite y centralizado debido a la falta de mecanismo de difusión que el Estado  realiza sobre la importancia de estos bienes.

De acuerdo al arqueólogo Manzano, la protección al patrimonio arqueológico es un tema de educación y debería de  haber campañas de sensibilización para que la población se apropie y pueda realmente identificarse con el patrimonio. 

“Si se quiere enseñar el pasado bajo solo ideas, escritos, todo queda muy abstracto. La enseñanza del patrimonio cultural a través de un texto no permite dimensionar qué es”, agrega el historiador Mauricio Alfaro, basándose en la creencia de educar para proteger. 

Haciendo uso de los mecanismos de denuncia -si quieres  forma anónima- puedes contribuir a proteger la historia y sus riquezas, exigiendo al Estado un control real sobre el patrimonio cultural.

Hoy en el Día Internacional Contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales que se celebra todos los años cada 14 de noviembre, el mundo entero debe usar esta fecha para reflexionar y tomar acciones de cambio que busquen velar por la protección del patrimonio cultural arqueológico, y combatir así, el despojo a la identidad cultural que pertenece a todas y todos.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.